Hace mucho frio, estoy sentado en el pontón a la izquierda de la escollera, contemplo la noche y el mar que se mezclan sin distinguirse, parecen un mismo abismo negro. El vapor de mi respiración flota en el aire espeso, estoy tomando de una botella de caña Legui (para entibiarme los huesos) .
Escucho ecos de tambores que vienen desde algún cañadon, imagino un ritual satanico, el sacrificio de un inocente, la violación, a los paganos bebiendo su sangre y bailando poseidos.
En una casa vieja, la sal volcada y los espejos rotos, y una virgen gimiendo con dolor la imperfecta melodia del universo.
Y en una habitacón dos amantes se inventan, inventando tambien el mundo…
Un violento viento helado me corta la cara y me dispersa de mis pensamientos, el azul empieza a manchar lo negro y el cielo aclara, el puerto sigue estatico, iluminado, con sus barcos y sus containers. Unos cormoranes vuelan por el crepúsculo, veo los acantilados al otro lado de la ría. Los estibadores descargan las pastillas de calamar congeladas en los platos mientras escucho la botella de caña vacia que cae al pontón y experimento una embriaguez confusa que trastoca mi percepción. Quedo pasmado al ver en el medio de la ría, donde nace, una mujer en el horizonte con cabellos de fuego, ojos verdes, y boca de ciruela. Sus formas etéreas, su figura,sus pechos redondos, y el contorno de sus piernas, su espalda. todo su cuerpo envuelto en un claroscuro que esconde y muestra en sombras difusas.Un impulso incontrolable me arrastra, me lleva hacia ella, y doy mis primeros pasos sobre la ría de cristal, me acerco a ella pero ella parece alejarse, mientras más me adentro en la ria, el cristal parece tornarse mas fragil, como un vidrio débil a punto de romperse, hasta que al fin se quiebra y caigo en el agua helada, empiezo a endurecerme y me quemo, no puedo respirar, inmovil me transformo en una estatua de sal cristalina. Sigo obserbando a la mujer que ahora se acerca hacia a mi, me extiende sus manos y me besa con su boca de fuego , me rompo, me quiebro, me trizo en mil pedazos. Escapo de la prison del cuerpo, de los limites de la carne y aspiro todo el alba, la inmensidad del universo, floto entre los colores y las luces y contemplo fascinado la ría congelada, a punto de romperse, de quemarse con ese beso, y el agua fluye y se icendia y cambia como un fuego sagrado.